Capítulo 39. Amenaza.
POV: Irina
La casa olía a mantequilla y eneldo. María había abierto todas las ventanas para que corriera el aire. Yo, con el cabello recogido en un moño apurado, intentaba darle forma decente a una docena de pirozhki.
La cocina nueva parecía más luminosa que nunca: encimeras de mármol claro, una mesa de madera con las marcas de cuchillo que ya íbamos dejando nosotras y una pequeña radio que soltaba boleros italianos antiguos entre chasquidos.
—Más harina —dijo María, palmeando la mesa—. Si no,