El teléfono en la mano de Mateo vibró violentamente. El rostro de la estrella del campo, que normalmente lucía relajado, se puso pálido en cuestión de segundos.
—¡Tu carrera se acabó, Mateo! —la voz de Javier desde el otro lado de la línea se escuchó con claridad en la pequeña habitación del apartamento.
Lucía, que estaba frente a él, notó al instante el cambio drástico en la cara del hombre. Su corazón comenzó a latir con fuerza al sentir que algo terrible estaba ocurriendo.
—¿Qué pasa, Mateo?