—De verdad lo siento por haberme desaparecido, Lucía. A partir de ahora, no cargues con tus problemas sola. Si hay algo, cuéntamelo, ¿vale? Ya prometimos que cuidaríamos este lugar para siempre —Rafael la miró con seriedad, cubriendo los dedos de Lucía con la calidez de su mano sobre la mesa.
Aunque su corazón seguía agitado, la presencia de Rafael pareció barrer gran parte de la confusión en la mente de Lucía. Había una sensación de consuelo en esta conexión sincera, libre de pretensiones y mo