La sonrisa de Rafael se tornó cálida, consciente de lo fácil que le resultaba devolver la alegría al rostro de Lucía. Observó los detalles del lugar: el marco de fotos descolorido con el cartel de "Hogar Elena", las marcas en la pared cubiertas por pintura nueva pero aún visibles, las motas de polvo bailando en la luz.
—Este sitio es el mismo —murmuró Rafael, más para sí mismo—. Recuerdo que en esta mesa hacíamos los deberes juntos. Siempre me ayudabas, Lucía. Incluso me enseñabas las fórmulas