La noche comenzó a arrastrarse sobre el cielo de Madrid, trayendo consigo un aire frío que calaba hasta los huesos. En el comedor de la mansión, un espacio majestuoso que se sentía demasiado vasto para habitarlo, Lucía estaba sentada sola ante una larguísima mesa de madera de teca. El ambiente en la casa era sobrecogedor, solo interrumpido por el leve tintineo de la cuchara al chocar contra el cuenco de cerámica frente a ella.
Lucía sostenía el cuenco de sopa de jengibre caliente con ambas palm