AMBER PIERCE
La mansión parecía tan silenciosa sin ellos. Byron no había regresado con Steve, y no sabíamos nada de Jazmín y Dylan. No quería preocuparme, pero era imposible después de todo lo que había pasado.
Sentada cerca de la ventana con Jeremy acurrucado sobre mi pecho como un gatito con frío, esperé.
—Señora, le traje un poco de té —dijo Elvira con media sonrisa, ofreciéndome la taza—. También le traje sus vitaminas prenatales. Recuerde que debe cuidar a esos bebés.
Le sonreí de medio