AMBER PIERCE
Tragué saliva y me dolió el nudo en mi garganta.
—Así… así casi acaba conmigo hace años. —Sorbí por la nariz antes de limpiar las lágrimas con el dorso de mis manos—. Escapé de su casa, robé su auto y él… él me persiguió, me alcanzó. No fue un accidente. Él estrelló su auto, me arrastró y me quiso aplastar, de la misma forma que planeaba hacerlo hoy.
»Tuve suerte de solo perder la memoria y no la vida. Me quiso destruir cuando no lo acepté y hoy quiso hacer lo mismo. —Me abracé a