AMBER PIERCE
La cena fue incómoda y silenciosa, por decir lo menos. Yo estaba segura de que la comida estaba deliciosa, pero no podía evitar ver fijamente a Byron, esperando que su gesto imperturbable cambiara, ya fuera por desagrado o gusto, pero él seguía comiendo sin interés, con sus ojos escondidos detrás de esos lentes negros.
—Deja de verme —soltó de pronto haciendo que casi brincara en mi asiento. Fruncí el ceño y entreabrí los labios, pero no salió nada de mi boca—. Aunque esté ciego p