DYLAN VETTEL
—¡Detente! —un grito ahogado salió de su casco y trató de patear la carrocería de Christine.
—¡¿Qué te pasa?! ¡¿Estás loca?! —exclamé levantando la visera de mi casco, mientras tenía que turnar mi atención entre el camino y ella—. ¡Espérame en los «pits» si quieres que te atienda!
—¡No! —gritó con furia y de pronto se separó.
Desde el primer día que la conocí supe que era una mujer con alma de dragón. Difícil hacerla cambiar de parecer y de controlar, y aun así estaba sonriendo…