JAZMÍN HERRERA
Todos los autos salieron a gran velocidad, todos excepto uno, que aún seguía encendido, pero al mismo tiempo estático.
Era Christine II.
—¿Qué está haciendo? —pregunté confundida, con el ceño fruncido, mientras el resto del equipo no parecía si correr hacia el auto o quedarse en los «pits».
—No sé, tal vez solo ya se dio cuenta de algo que no había considerado antes —contestó Nallely con calma y se encogió de hombros—. Tenía que ser hombre.
Volteé hacia ella intentando comprender