JAZMÍN HERRERA
—¿Viniste a ver mi carrera? —preguntó Dylan con media sonrisa, pero su mirada no era la de siempre, me veía con un vacío que dolía—. No, claro que no.
Se levantó y se estiró. Cuando la piel de su espalda se tensó su rostro se volvió de dolor, pero no hubo queja.
—Escuché que después de ganar esta carrera… te irás a París —mi voz salió más baja de lo que esperaba—. ¿Cuándo volverás? Lo digo por… Amber. Te necesita. Tus sobrinos te necesitan.
—Sí, sí… Hasta Byron me necesita, ¿v