AMBER PIERCE
Llegamos al departamento de mi madre y todo se sentía irreal. Veía el sillón donde Byron se había sentado, su lugar en la mesa, era como si cualquier cosa que había tocado detonara un recuerdo, convirtiendo el dolor en algo físico. Me costaba respirar y mis ojos no dejaban de llorar, aunque ningún sollozo salía de mi boca.
—Él regresará, lo prometió —dijo mi madre acariciando mi espalda, pero no surtió efecto—. Vamos, necesitas darte un baño, yo cuidaré de Jeremy.
Mi pequeño bebé