AMBER PIERCE
Bajé las escaleras una por una, con una mano en mi vientre, viendo el desastre en la entrada. Las sirvientas que había contratado Anthony salían corriendo entre gritos y sosteniendo maletas mal empacadas. En el piso no solo esperaba mi padre y la cabeza de Elvira, sino que había más cuerpos, todos hombres de Anthony que de seguro se habían desplegado en cuanto la primera explosión ocurrió. El piso estaba teñido de rojo y el olor a muerte empezaba a expandirse por toda la casa.
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