AMBER PIERCE
En cuanto abrió la puerta me encontré con un hombre maduro e imponente, con el cabello largo y una mirada gris profunda. Parecía que sobre sus hombros pesaban años de experiencia y conocimiento, y una calma profunda, como si no hubiera nada en este mundo que pudiera tomarlo por sorpresa.
—¿Señora Harrington? —preguntó con cortesía y me extendió su mano—. Soy Viggo Thorne, viejo amigo de su esposo. ¿Podemos hablar?
—¿Amigo de Byron? Nunca lo mencionó —dije mientras caminábamos por