BRYAN PARRISH
Mi corazón no se aceleró en ningún momento mientras salía del hospital y me alejaba de la ciudad, pero en cuanto entré al bosque donde nos esperaba una de las cabañas del señor Guillan, comencé a sentirme ansioso.
Repetidamente veía a Jazmín en el asiento trasero, con las manos atadas y la bolsa de tela en la cabeza. Parecía dormir y cada vez que jalaba aire se escuchaba un silbido ronco y profundo. Sus pulmones estaban llenos de humo, inflamados, casi atrofiados. Si tenía un ata