JAZMÍN HERRERA
La desesperación de no poder respirar fue lo que me despertó. Comencé a toser cada vez más desesperada mientras mis pulmones ardían.
Me di cuenta de que estaba en una cama cómoda dentro de una habitación sencilla. No era un hotel, tampoco una mansión. Tenía que investigar más, pero la tos no me daba tregua, me aferré al colchón con ambas manos y arrojé saliva mezclada con sangre.
De pronto sentí un pinchazo que me hizo arquear de dolor, cuando volteé, una mano sostenía fuertemen