DYLAN VETTEL
—Quédate aquí, descansa —dijo Amber, aún herida por mis palabras, pero cuidando que las suyas no le fueran a causarle remordimiento, así que sin maldecirme ni ofenderme salió de la habitación de la mano de Byron, dejándome solo.
Apreté las mandíbulas y pese al dolor de mi cuerpo, salí de la cama y de la habitación. Tragando saliva cada vez que la carne lastimada se estiraba de manera dolorosa. Llegué al pasillo y mi mirada se enfocó en Amber, caminando presurosa, alejándose con Byr