DYLAN VETTEL
—¿Por qué no me lo dijiste antes? —preguntó Amber dejando la foto sobre mi regazo, con los ojos brillando por las lágrimas contenidas—. ¿Por qué…?
—¿Para qué? —cambié la pregunta mientras veía la fotografía con melancolía—. No eres ella, ya no, no desde que perdiste la memoria. ¿Qué sentido tiene torturarnos así? Yo no voy a recuperar a mi mejor amiga y tú no vas a recuperar la memoria.
»¿Crees que con solo decirlo en voz alta algo va a cambiar? ¿Vas a abrazarme, llorar, y volvere