JAZMÍN HERRERA
El porta sueros chocó con la parte superior de la puerta de mi cuarto antes de que por fin pudiera azotarla. Cerré los ojos queriendo calmarme, pero fue peor, pues vi a esa enfermera inclinada sobre Dylan y el pecho se me encendió en rabia.
—¡Qué tonta! —exclamé frustrada antes de sentarme en el borde de la cama—. ¿Pensaste que te esperaría después de todas las veces que lo rechazaste? ¡Pero el maldito no tardó ni dos segundos en reemplazarte! ¡¿Dónde quedó ese bendito interés q