AMBER PIERCE
Llegamos a una enorme mansión en un lugar rodeado de opulencia, con calles largas llenas de arbustos bien recortados, faroles en las esquinas que parecían sacados de las calles de París, y autos tan costosos como los que Byron poseía.
El viaje había sido silencioso, Byron había decidido que antes de dar explicaciones, lo mejor era que yo descubriera las cosas por mí misma, y lo acepté.
Steve abrió la reja, no había nadie de servidumbre que nos pudiera atender. Incluso el lugar pa