AMBER PIERCE
Ya no aguantaba la espalda, me había esmerado en la cena, escudándome bajo la idea de que no quería quejas, cuando en realidad buscaba la aprobación de Byron, quería que aceptara que le gustaba como cocinaba, me conformaba con un murmullo o un simple gesto. Quería demostrar que ese hombre podía expresar algo más que odio y resentimiento.
Mecí a mi pequeño con ternura, cantándole mientras su manita se aferraba a mi dedo y cerraba sus ojitos. Él era mi motivo para aguantar lo que fue