La verdad, como un relámpago, había iluminado la oscuridad. Vivian le había explicado a Bruno, con la voz aún temblorosa, todo lo que había descubierto: los tests de embarazo, las fotografías de Aitana con un hombre que no era Eric. El rostro de Bruno se había contraído en una mezcla de horror y furia contenida.
—Nadie debe saberlo —declaró Bruno, su voz un susurro cargado de urgencia—. Nadie se debe enterar de esto, Vivian. Tenemos que guardar este secreto. Espero que tampoco vayas a decirle n