El haz de los faros de lu camioneta destelló, perforando la densa oscuridad de la carretera. Lorena, al volante, sintió un escalofrío que le erizó la piel. Era una noche traicionera en la carretera, y cada sombra parecía esconder un peligro. Pese al miedo que le atenazaba el pecho, una escena desgarradora capturó su atención: una silueta inmóvil en el asfalto. Su corazón dio un vuelco.
No podía simplemente pasar de largo. Su instinto la impulsó a detenerse, aunque el sentido común le gritaba qu