El silencio se hizo denso dentro del taxi, cortando la ya frágil tranquilidad de Bianca. El corazón le retumbaba en el pecho como un tambor frenético, cada latido amplificando el mal presentimiento que se había anclado en su mente. El conductor—una silueta imponente tras el espejo retrovisor—parecía una estatua, demasiado concentrado en su labor para notar la creciente ansiedad de su pasajera. Bianca tragó saliva—el aliento se le atascaba en la garganta. Necesitaba respuestas, una explicación p