Bianca ya estaba de camino a casa, manejando su auto que, por fin, ya había sido reparado. Una sensación de libertad y normalidad la invadió al estar al volante de nuevo. Sacó su teléfono y le envió un mensaje a Julia.
—Julia, ya estoy de camino a casa. No tardo en llegar. Te veo en un rato.
La respuesta de Julia no se hizo esperar.
—Está bien. Aquí te esperamos.
Con total tranquilidad, Bianca se dirigió a su edificio. Al estacionar en el estacionamiento subterráneo, una terrible sensac