Tatiana se marchó, pero en su mente, un plan retorcido ya estaba trazado. Lo llevaría a cabo en cualquier instante.
Cuando Bianca subió a su auto, intentó arrancar, pero no funcionó. El motor no emitió ni un sonido. El pánico comenzó a crecer dentro de ella. Sabiendo que tendría que llevarlo al taller al día siguiente, se sintió frustrada. Ya había caído la noche y no quería correr más riesgos, así que no perdió más el tiempo. Comenzó a caminar hasta una parada de autobús, con la intención de tomar uno, puesto que no pasaba ni un solo taxi.
Aunque sacó la mano un par de veces para detener uno, el auto que pasó no se detuvo. Quizás ya estaba ocupado. Frustrada, se quedó sentada en la parada, pero su inquietud creció al darse cuenta de que no estaba sola. A su lado, había un hombre con una capucha negra que cubría su rostro. Un escalofrío le recorrió la espalda. El hombre era raro. Bianca sintió un mal presentimiento y tuvo mucho miedo, pero trató de calmarse. Cruzó los dedos y le pid