Esa mañana, antes de despedir a los niños para el colegio, Bianca se acercó a ellos. Se arrodilló para estar a la altura de sus ojos y supo que tenía que ser honesta.
—Niños, quiero hablar con ustedes de algo muy importante —comenzó, con la voz suave, pero firme. Los gemelos la miraron, curiosos, sus pequeños rostros reflejando una inocencia que a ella le rompía el corazón. Ella respiró hondo y continuó—. La otra vez les pregunté si deseaban tener un padre. De hecho, todos tenemos un padre, in