Después, entre besos y caricias, se dejaron llevar por el momento, por la pasión que los invadió.
Una noche inolvidable para ella.
Julia abrió los ojos, su mente aún envuelta en la neblina de lo que había pasado.
A su lado, Isaac estaba despierto, mirándola con una serenidad que la hizo sentir vulnerable. La vergüenza, un sentimiento que nunca había experimentado, la invadió.
—Isaac… —susurró, su voz apenas audible en el silencio.
—¿Sí? —quiso saber él, su voz tranquila y profunda.
—Cu