Bianca estuvo un largo rato en la cocina, con la mente divagando en la receta de lasaña que estaba a punto de preparar. A pesar de que casi nunca la hacía, recordaba a la perfección cada paso, cada ingrediente. Era uno de esos platillos que los mellizos amaban, y al no haber ido a trabajar, decidió que era el momento perfecto para consentirlos. Con un delantal atado a la cintura, reunió la carne molida, las láminas de pasta, la salsa de tomate, y el cremoso queso mozzarella, y se puso manos a