Bianca abrió los ojos lentamente—la luz blanca y estridente de la habitación de hospital le golpeó las pupilas. Un zumbido sordo resonaba en su cabeza—y el olor a desinfectante le llenaba las fosas nasales. Su cuerpo se sentía pesado, como si hubiese estado durmiendo durante días—y una confusión profunda la asaltó. ¿Por qué estaba aquí? No recordaba nada más allá de un dolor de cabeza punzante en una farmacia.
Intentó incorporarse, pero un mareo repentino la hizo tambalear. Una mano fuerte y fi