Con cada paso, el peso de la incertidumbre se volvía más abrumador, aplastando sus hombros. Bianca solo quería llegar a casa, acostarse y olvidarse de esa terrible realidad que la asediaba. Su mayor temor, la sombra que la seguía, era que Eric reclamara sus derechos como padre de los mellizos, a pesar de las circunstancias en que él se había enterado de su embarazo, incluso después de haberle sido infiel.
Y, de alguna forma ya era un hecho.
Con cada zancada, las lágrimas empañaban su vista, di