—Ania, espera… —Liam la llamó, al darse cuenta de que ella salía de la habitación.
—¿Qué? —Ania se detuvo, levantando el rostro con dignidad, aunque por dentro se estuviera descosiendo.
Elián la observaba con recelo y la había llamado “mala”. Ella sabía que solo era un episodio, que su hijo solo estaba dolido y con toda la razón, pero no por eso significaba que fuera menos doloroso para ella.
—Elián, le debes una disculpa a tu madre… —le pidió Liam al niño, quien lo miró extrañado.
—¿Qué? ¿