Antes de que pudieran responderle, el abogado ya estaba tomando una silla para acomodarla junto a la de Ania, él ya se veía un poco mareado, quizás ya llevaba unas cuantas copas de más.
— Señora Anderson, luce usted demasiado hermosa esta noche… — Murmuraba el abogado a un lado de Ania, provocando que Liam arrugara el entrecejo.
— Gracias… — Musitó Ania, intentando ignorar el gesto, algo descarado, que hizo al mirarla.
— Sabe, Victoria… ¿Puedo llamarla por su nombre? — Preguntó el abogado s