La mujer la miraba de forma despectiva, como si ya se estuviera arrepintiendo de haberla recibido, cuando Ania se adelantó.
— Por favor, soy perfecta para el puesto… — Se apresuró a agregar, Ania, con un tono suplicante. — Le puedo servir de mucha ayuda, señora Gil, sé cocinar, sé lavar, sé limpiar y servir…
— No te tienes que preocupar por labores de servicio doméstico, cómo pudiste notar, ya tengo personal para eso… — La señora la interrumpió, mientras tomaba la taza de café que estaba sob