Punto de vista de Alejandro
Mientras continuamos nuestro camino hacia la mansión, Sofía permanecía callada, pero su mano apretaba la mía con fuerza, sabía que no era por miedo, era por rabia, por furia.
El abogado de Laura nos había tirado un guante sucio en plena fiscalía y ahora el reloj corría en nuestra contra.
—No vamos a esperar a que esas fotos salgan, Leonardo —dije, mi suegro, sentado en el asiento delantero, se giró apenas para mirarme por el retrovisor— Laura cree que su poder es el