POV Sofía
Las mañanas en la nueva villa estaban llenas de luz, ya no había sombras pesadas detrás de nosotros intentando hacernos daño, estaba sentada en la orilla de la cama, mientras Alejandro limpiaba con cuidado la herida.
—No te muevas, Sofía —dijo él, con esa voz baja y ronca que usaba cuando estaba concentrado— si te mueves puedo lastimarte, y no sea que se abra un punto de la esquina.
—Ya no duele tanto, Alejandro, de verdad, ya estoy bien por completo —le contesté, tratando de girarme