POV Sofía
Al día siguiente de la presentación en sociedad, afortunadamente era domingo.
No tuve que enfrentar las miradas curiosas ni los cuchicheos en la oficina, pude quedarme en la villa, el lugar que se había convertido en mi refugio, mi lugar seguro.
Leonardo, en cambio, no tuvo tregua, por la mañana, en cuanto bajamos para el desayuno, me di cuenta de que su teléfono no paraba de sonar con insistencia, ¿Qué no podían dejarlo en paz ni siquiera en día domingo?
—¿Sí? —dijo, con voz ronca.