POV Sofía
Aiala se levantó y le puso una mano en el brazo, intentando calmarlo.
—Leo, no fue culpa de ellos, yo se los pedí, estaba aterrada, pero no quería que él ganara quitándome el momento que tanto habíamos esperado. Sofía solo me ayudó a que no se arruinara nuestra boda.
—Ese infeliz salió de la cárcel, Aiala —dijo mi padre, dejando la taza sobre la mesa con una fuerza que casi se rompe— alguien lo sacó, alguien que sabía exactamente dónde estarían. Y mientras nosotros brindábamos anoche,