Alec
Madison me ayuda a bajar del auto y nos quedamos de pie frente a la entrada de mi propio edificio. Hace tanto que no vengo que se siente extraño estar en este lugar. Miro hacia arriba, este se alza imponente como uno de los más altos de Austin. Respiro profundo antes de darle la orden de avanzar hacia dentro.
Le pedí que escondiese todo lo posible mi sonda en los bolsillos de la silla para que así nadie la note.
Para ser sincero, no imaginé que ella se viera tan despampanante. En definitiv