Capítulo 14
Patricia sentía cada centímetro de Augusto entrando y saliendo de ella, sus movimientos eran rítmicos y precisos, como si conociera cada curva de su cuerpo mejor que ella misma. Sus labios parecían tener vida propia, incapaces de contenerse, dejando escapar gemidos que resonaban por la habitación, mezclándose con la respiración entrecortada de ambos.
"Qué hombre tan bueno... qué polla tan buena...", el pensamiento cruzó su mente, aunque apenas podía formular palabras en ese momento.