Capítulo 55 —El Peso del Silencio
La distancia que los separaba en la penumbra no se medía en centímetros, sino en el ritmo acelerado de dos respiraciones que amenazaban con romper el último vestigio de cordura. Maribel sostuvo la mirada de Sergio, atrapada en esa tormenta gris de sus ojos que parecía exigirle una rendición para la que su orgullo todavía no estaba listo. El calor de la piel del arquitecto seguía irradiando a través de la seda de su pijama, una tentación silenciosa que la instaba