Capítulo 110 —El plano definitivo
Los vitrales de la antigua iglesia de piedra de Manhattan filtraban la luz de la tarde en haces de tonos rubí y oro, vistiendo el altar de una solemnidad que hacía eco al latido apresurado en el pecho de Maribel. En la sacristía lateral, convertida temporalmente en un búnker de nervios y tul, el ambiente estaba cargado de una emotividad que ninguna junta directiva habría podido contener.
Maribel permanecía estática frente al espejo de marco dorado, intentando co