Capítulo 109 —El pacto de las secuoyas
El Parque Nacional Redwood los había recibido con una inmensidad que hacía que los rascacielos de Manhattan parecieran maquetas de juguete. Los primeros dos días de vacaciones habían sido un despliegue de algabraba y vitalidad familiar. Pedro estaba completamente fascinado; había corrido entre los troncos colosales de las secuoyas, cuyos diámetros eran tan anchos que se necesitaban diez niños tomados de la mano para rodearlos, y había llenado su libreta de