Capítulo 54 —El tesoro
Asintió levemente con la cabeza.
—Está bien. Solo una cerveza —accedió, aunque por dentro sentía una vibración eléctrica que le recorría el cuerpo.
Caminaron en silencio por los pasillos oscuros de la mansión hasta el despacho privado de Sergio. Encendió la lámpara de mesa, que bañó la habitación con una luz dorada y cálida, aislando el espacio del resto del mundo. Le entregó una de las cervezas a Maribel, pero en lugar de sentarse detrás del escritorio como el director de