El sonido del ring desapareció, dejando un silencio inquietante que llenó el aire entre nosotros. En ese instante, solo existíamos él y yo, como si el mundo hubiera dejado de girar momentáneamente. Sus ojos estaban fijos en los míos, una mirada penetrante que parecía atravesar todas mis defensas. Sentía mi corazón latiendo con tanta fuerza que temía que él pudiera escucharlo.
—No vuelvas a hacer eso —dije, descendiendo de mi nube de emociones con un susurro firme.
—¿Qué cosa? —preguntó Adrián,