MADDOX
Solté el libro que tenía en la mano con más fuerza de la necesaria, observándolo caer estrepitosamente sobre la mesa, el sonido resonando débilmente en la habitación silenciosa.
Se deslizó contra los demás ya esparcidos por mi escritorio.
Sus lomos doblados, las páginas desgastadas, todos ellos pesados con historia. Y aun así, ninguno tenía el poder de saciar la curiosidad inquieta que bullía bajo mi piel, ni la anticipación que se enroscaba más apretada con cada hora que pasaba.
Horas d