Gema despertó sobresaltada, el corazón golpeando en su pecho como si hubiese peleado en sueños. Algo la empujaba a levantarse, un susurro interno que la impulsaba con urgencia: búscalo. Ahora.
Se cubrió con su bata de terciopelo rojo oscuro, una mano instintivamente sobre el vientre abultado, y caminó descalza por los pasillos del castillo. El eco de sus pasos se fundía con el silencio denso, cargado de presagios. Un escalofrío le recorrió la espalda. No sabía lo que iba a encontrar, pero lo se