No pude conciliar el sueño ni por un segundo. De hecho, diría que la palabra “sueño” había sido borrada de mi vocabulario emocional, reemplazada por un estado de alerta que era mitad pánico, mitad anticipación. Creo que mi cuerpo se negó a pestañear más de tres veces seguidas, temiendo perder el control sobre la realidad y, lo que era más peligroso, sobre mí misma.
Había demasiados factores incontrolables en juego en ese momento preciso.
Primero, yo. Vestida con un traje de franela peluda que m