El Gran Salón del Parlamento de Argemiria nunca había estado tan abarrotado. Los asientos de terciopelo carmesí, normalmente ocupados solo por los representantes de las provincias, ahora acogían también a miembros de la prensa, diplomáticos extranjeros y figuras de la alta sociedad. El murmullo incesante de conversaciones nerviosas llenaba el espacio, rebotando en las paredes de mármol y los artesonados dorados del techo.
Anya se acomodó en su asiento junto a Elian, quien mantenía un semblante