La luna se alzaba como un ojo vigilante sobre los jardines del palacio cuando Anya se deslizó entre las sombras. El mensaje había llegado esa tarde, escondido entre los pliegues de una servilleta durante el almuerzo: "Invernadero real. Medianoche. Solo." La caligrafía elegante y puntiaguda no dejaba lugar a dudas sobre su remitente: Thalen.
El invernadero se erguía como una catedral de cristal bajo el manto estrellado. Sus paredes transparentes reflejaban la luz plateada, creando un espejismo d